Más allá del peso: la conversación que Puerto Rico necesita sobre salud cardiovascular

El error de reducir la salud cardiovascular al peso corporal
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en Puerto Rico. No se trata de una estadística aislada, sino de una realidad persistente que cobra aproximadamente 5,000 vidas cada año en la isla. Durante décadas, las enfermedades del corazón han encabezado los registros de mortalidad, incluso superando al cáncer en número de fallecimientos. Sin embargo, a pesar de esta carga tan significativa, la conversación pública y clínica sobre salud cardiovascular sigue enfocándose de manera desproporcionada en el peso corporal y el índice de masa corporal (IMC), como si la balanza fuera suficiente para estimar el riesgo real de enfermedad o muerte cardiovascular.
La capacidad cardiorrespiratoria como predictor de mortalidad

El problema de este enfoque es que el peso no mide función fisiológica. El IMC no evalúa capacidad cardiorrespiratoria, eficiencia metabólica ni adaptación cardiovascular. Y lo que determina en gran medida el riesgo cardiovascular no es únicamente cuánto pesa una persona, sino cómo funciona su sistema cardiorrespiratorio. La evidencia científica en los últimos años ha sido consistente en este punto. Un estudio longitudinal publicado por Lee et al. en 2011 encontró que el cambio en la capacidad cardiorrespiratoria predice mejor la mortalidad que el cambio en peso corporal. Es decir, mejorar la aptitud física se asoció con una reducción significativa del riesgo de muerte por todas las causas, incluso cuando el peso no cambiaba. En contraste, la pérdida de peso por sí sola no mostró el mismo poder predictivo cuando se ajustaba por condición física. En términos prácticos, esto significa que una persona puede no perder peso y aun así disminuir su riesgo cardiovascular si mejora su capacidad aeróbica.
A esta evidencia se suma un estudio epidemiológico de gran escala publicado en 2022 por Hemmingsson y colaboradores, que incluyó 471,216 participantes. Este estudio mostró que la combinación de obesidad y baja capacidad cardiorrespiratoria es la de mayor riesgo para enfermedad cardiovascular y mortalidad. Sin embargo, también demostró algo crucial: la alta aptitud física reduce el riesgo de muerte en todos los niveles de BMI. En otras palabras, incluso en presencia de sobrepeso u obesidad, una buena capacidad cardiorrespiratoria atenúa significativamente el riesgo cardiovascular. Además, el estudio documentó que entre 1995 y 2020 la prevalencia de obesidad combinada con baja aptitud física aumentó aproximadamente un 154%, lo que refleja un deterioro progresivo de la salud cardiovascular a nivel poblacional.

Cuando colocamos estos datos en el contexto de Puerto Rico, donde las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte, el panorama resulta preocupante. Si la población global está experimentando un deterioro sostenido en su capacidad cardiorrespiratoria y simultáneamente mantenemos un modelo de evaluación centrado casi exclusivamente en el peso, es posible que estemos subestimando riesgos reales. Evaluar la salud cardiovascular únicamente con el IMC puede llevar a ignorar personas con peso “normal” pero baja condición física, o a subestimar el riesgo en personas con sobrepeso que, por el contrario, mantienen buena aptitud cardiorrespiratoria.
El papel de los profesionales del ejercicio en la prevención cardiovascular

Esto no significa restarle importancia al exceso de peso, sino reconocer que la salud cardiovascular es más compleja que un número en la balanza. La función fisiológica importa, y la capacidad cardiorrespiratoria es uno de los marcadores más sólidos de longevidad y riesgo cardiovascular. En este escenario, los profesionales del ejercicio tienen un papel crítico. No se trata solamente de diseñar programas de entrenamiento, sino de posicionar la aptitud física como un componente esencial de la evaluación integral de salud. Integrar pruebas de capacidad cardiorrespiratoria, colaborar con otros profesionales de la salud para ampliar los criterios de evaluación más allá del IMC y educar a la comunidad sobre la importancia del fitness como herramienta de prevención son pasos necesarios si aspiramos a impactar realmente esas 5,000 muertes anuales en Puerto Rico.
Cambiar el enfoque: de medir peso a medir función
Si queremos modificar la trayectoria de la salud cardiovascular en la isla, debemos cambiar el enfoque. Medir peso es fácil; medir función requiere intención. Sin embargo, es la función — no el número en la báscula — la que determina la capacidad del corazón para resistir el paso del tiempo. Incorporar la aptitud física como parte central de la revisión de salud no es una tendencia, es una necesidad basada en evidencia. El reto ahora no es generar más estudios, sino traducir ese conocimiento en acción clínica y comunitaria.
Referencias
El Nuevo Día. (s. f.). Enfermedades cardiovasculares: La causa número 1 de muerte. https://www.elnuevodia.com/suplementos/corazon-saludable/notas/enfermedades-cardiovasculares-la-causa-numero-1-de-muerte/
Hemmingsson, E., Ekblom-Bak, E., & Ekblom, Ö. (2022). Fitness, fatness, and cardiovascular disease risk: A population-based cohort study of 471,216 adults. European Journal of Preventive Cardiology, 29(12), 1702–1710. https://doi.org/10.1093/eurjpc/zwab169
Lee, D.-C., Sui, X., Church, T. S., Lee, I.-M., & Blair, S. N. (2011). Long-term effects of changes in cardiorespiratory fitness and body mass index on all-cause and cardiovascular disease mortality in men: The Aerobics Center Longitudinal Study. Circulation, 124(23), 2483–2490. https://doi.org/10.1161/CIRCULATIONAHA.111.038422
